El 2 de septiembre se celebra en Argentina el Día de la Industria.

La fecha recuerda aquella primera exportación de 1587: una carabela que salió del Riachuelo rumbo a Brasil llevando tejidos y harina producidos en Santiago del Estero.

Y sí, la historia tiene su costado bien argentino: aparentemente, escondidas entre la carga también viajaban barras de plata de Potosí que no podían exportarse.

Más de cuatro siglos después, pienso en cuánto cambió la forma de producir, de vender y de hacer empresa. Y, sobre todo, en cuánto está cambiando ahora.

Hace 25 años que dirijo Kaser. Kaser también es una PyME y, durante todos estos años, trabajamos con más de 50 empresas industriales. Grandes, chicas, nacionales, multinacionales y familiares. Muchas de ellas están muy cerca nuestro, en el enorme entramado productivo de Zona Oeste que vemos todos los días.

Por eso conozco bastante de cerca lo que significa hacer empresa en Argentina. Y hoy no es fácil.

Hay menos margen para equivocarse. Hay que cuidar los costos, revisar estructuras, incorporar tecnología, entender qué automatizar y qué no, buscar nuevos clientes, competir con jugadores que antes ni siquiera estaban en nuestro radar y tomar decisiones mucho más rápido.

Pero detrás de todo esto hay algo todavía más profundo. Estamos atravesando un cambio de paradigma.

La tecnología y la inteligencia artificial están modificando cómo trabajamos. También están cambiando los mercados, los consumidores, la manera de vender y la forma de construir una marca.

Para una PyME, adaptarse a todo eso mientras sigue pagando sueldos, consiguiendo clientes y abriendo todos los días no es una discusión teórica. Es la realidad. También lo es para nosotros en Kaser.

Después de 25 años, muchas veces me encuentro revisando cosas que durante mucho tiempo dimos por sentadas: qué tenemos que seguir haciendo, qué dejar de hacer, dónde y cómo incorporar tecnología, dónde necesitamos más personas, cómo ser más eficientes y generar más valor para nuestros clientes.

Y, más importante aún, cómo seguir siendo competitivos sin perder aquello que nos hizo llegar hasta acá. Creo que ese es uno de los grandes desafíos de las PyMEs hoy: no resistirse al cambio, pero tampoco cambiar por cambiar. Entender qué conservar, qué transformar y dónde volver a apostar.

Detrás de cada PyME hay muchísimo más que una estructura productiva. Hay personas, conocimiento, proveedores, familias y años de experiencia. Hay una parte enorme del entramado productivo de este país.

Así que este Día de la Industria, más que festejar una efeméride, elijo reconocer a todos los que están atravesando este momento y siguen buscando la manera.

Nosotros también estamos en eso. Aprendiendo, cambiando y, sobre todo, haciendo.

Feliz Día de la Industria.

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