¿El 8M pasó de causa a recurso creativo? Una pregunta incómoda pero que vale hacer.
En algún momento, el 8M dejó de ser solo una fecha de reflexión para convertirse en una oportunidad para la industria. Mueve presupuesto, genera conversación y activa campañas.
La publicidad funciona así. Toma lo que pasa en la sociedad y lo traduce en discursos, piezas y conceptos. Cuando hablamos del 8M, esa lógica abre una tensión difícil de ignorar.
Cuando una causa social entra en la lógica de las marcas, aparece la pregunta: ¿estamos amplificando una conversación necesaria o encontrando un nuevo recurso creativo? Probablemente las dos cosas pasen al mismo tiempo.
Las marcas forman parte de la cultura y es lógico que dialoguen con lo que ocurre. El problema aparece cuando esa conversación se vuelve solo un recurso.
En ese proceso aparecen también las métricas. Hoy medimos impacto social, engagement, conversación. Y muchas veces esas métricas terminan ordenando las decisiones. Pero cuando hablamos de temas como el 8M, la pregunta importante no es cuánto ruido generamos ese día, sino qué lugar ocupa realmente esa conversación dentro de la cultura de una organización.
Y ahí aparece algo más profundo: quiénes toman esas decisiones y desde qué experiencias.
Trabajo en una agencia liderada por mujeres y muchas veces me preguntan si eso debería ser un atributo o si, en algún punto, tendría que dejar de ser relevante.
Creo que conviven las dos cosas. El talento no tiene género, el carácter tampoco. Pero las trayectorias sí están atravesadas por experiencias distintas.
Muchas mujeres crecimos sabiendo que había que demostrar un poco más para ganarnos el lugar. Y esa experiencia también forma carácter, mirada y liderazgo.
También hay realidades que rara vez aparecen en los PowerPoint del mundo corporativo, pero que también forman parte de la experiencia de muchas mujeres: liderar equipos mientras sostienen una casa, atravesar momentos hormonales complejos o poner el cuerpo para dar vida sin dejar de responder en todos los frentes.
Eso también forma liderazgo.
En lo personal, nunca sentí que ser mujer me pesara para liderar. Tengo carácter, mirada y talento para ordenar ideas y procesos. Alguna vez alguien pudo subestimarme. Fueron los menos y no les di relevancia
Tampoco me gusta cuando el 8M se vuelve una bandera política vacía. Pero sí me gusta el gesto, el reconocimiento. Me parece humano.
Por eso, para mí, es importante prestar atención a lo que las marcas dicen… y a si eso condice con lo que hacen el resto del año.
Porque cuando hay coherencia, la conversación suma. Y cuando no, se nota.
Quizás el desafío para quienes lideramos equipos o marcas no sea pensar qué decir el 8M, sino qué decisiones estamos tomando el resto del año.